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Una guía fotográfica para que disfrutes de nuestras rectas.

Villaesper:

Es una pequeña pedanía dependiente de Villabrágima (a 6,5 km) en la Tierra de Campos de la provincia de Valladolid, llana, árida, cerealista. Pequeños tintes de color nos aproximan a unas tierras y al empeño de su veintena de habitantes por mantener un pequeño pueblo en pie. Universo de adobe sumergido en la despoblación que deja hermosas estampas y bellas panorámicas. Desde la cercanía disfrutamos de las fantásticas ruinas de su iglesia de Santa María, un templo conocido en sus buenos tiempos como “La Perla de Castilla”, convertida en la actualidad en una muestra de la desolación y la decadencia de algunos de nuestros pueblos castellanos.

La excelente y noble cantería se deja ver por todo el edificio entrando en las ruinas de su interior para descubrir la insolvencia, el desastre y la miseria en la que se ha convertido el lugar. Un desprecio que queda evidente a lo largo y ancho de la iglesia. Salimos al exterior para fijar nuestra mirada en el pueblo, abandonando con pena un pasado que fue prometedor. Enormes casonas de adobe se levantan por sus calles, casi todas de dos plantas y muchas de ellas con fachadas de ladrillo. La carretera nos guía por alguna casa noble con su imponente escudo, reflejo del linaje de la familia. En la pequeña iglesia de ladrillo sus pocos habitantes ofrecen culto a sus patrones. (Luís Herrero Lanchero)

Morales de Campos:

En sus alrededores podemos asombrarnos con el colorido de los girasoles y la nítida tonalidad de muchas plantas diseminadas por sus campos. Algunos palomares rodean uno de sus edificios más destacados del pueblo, la Ermita de la Virgen de Arenales del siglo XVIII realizada en estilo barroco. Montones de «pacas» se combinan con modernas placas solares en una tierra donde abunda el adobe. Entramos por sus calles hasta Las Escuelas, llegando a la Plaza de la Resurrección, donde podemos disfrutar de la Iglesia Parroquial de Santiago Apóstol con su hermosa portada. Un pequeño atrio en su entrada nos lleva hasta la torre que nos remonta hasta el año 1700

Comenzamos un agradable paseo por sus calles más céntricas hasta la Plaza de la Concordia donde está ubicada su Casa Consistorial viendo, en una calle adyacente, la imagen de la Virgen de Arenales. Cruzamos estrechas rúas de adobe donde el tiempo ha quedado marcado, saliendo a una hermosa y bella laguna habitada por una pequeña colonia de anátidas. La carretera nos muestra robustas casonas de piedra con sus escudos. Por un laberinto de calles siguen desfilando preciosas «traseras», encontrando, entre fachadas de ladrillo y bellos balcones de forja, numerosos escudos nobiliarios y varias imágenes eclesiásticas. Entre soportales, llegamos a las afueras del pueblo, a las eras, donde descansan numerosos aperos agrícolas dejados a las inclemencias del tiempo. Viviendas de planta o de varias plantas, la mayoría de adobe, nos muestran el camino a las bodegas.

Villafrechós:

Campos de cereales y girasoles por donde pastan grandes rebaños de ovejas decorados por una vegetación que sobrevive a las altas temperaturas veraniegas. Restos arqueológicos prehistóricos y romanos en los pagos de Zalengas, El Picón, Villalumbrós y Curieses nos demuestran que esta zona ha sido habitada “desde siempre”. El camino nos conduce por una tierra llana e infinita, una hermosa Tierra de Campos, que, entre sus suaves oteros,

nos deposita en la Ermita de Nuestra Señora del Cabo, patrona de Villafrechós, del siglo XVI, construida en ladrillo y adobe, con retablo rococó del siglo XVIII. Paja, adobe y tejas, antes de entrar por las calles del pueblo, que nos llevan por el ábside y soportal de la Iglesia Parroquial de San Cristóbal, de los siglos XV-XVI, construida en piedra, ladrillo y tapial, con retablo rococó del siglo XVIII.

Disfrutamos de su entorno y de su esbelta y maravillosa torre mudéjar, rodeada de inscripciones y escudos en sus abundantes casas solariegas. Viviendas, calles y plazas van conformando el trazado urbanístico del pueblo. Nos acercamos hasta su fuente, pilón y lavadero entre casas más modernas, con fachadas sencillas y bien adornadas, saltando entre nobles fachadas de piedra y portentosos escudos nobiliarios que marcan los linajes de antiguas familias ricas y adineradas. Atravesamos el Real Monasterio de Santa Clara fundado en 1406 por Doña Urraca de Guzmán, señora de Villafrechós; con importante retablo rococó del siglo XVIII y sus robustos muros para ir calmando nuestra sed en otra de las fuentes del municipio. Comenzábamos entre adobe y tejas y finalizamos entre ellas para despedirnos de Villafrechós con la mirada puesta en su torre, que cobija un sinfín de colores y destellos y nos abandona y expulsa a esta formidable llanura castellana.

No os marchéis sin probar las almendras garrapiñadas y los quesos y embutidos artesanales.

Barcial de la Loma:

 Rayando con la provincia de Zamora, si nos acercamos desde Villafrechós veremos como la monotonía de los campos de cereales se ve rota por alguna masa de pinar. Llegando a Barcial, y justo a la izquierda de la carretera se conserva en pie un arco de exquisita belleza que perteneció a la antigua Iglesia de San Miguel. En uno de los bordes de la carretera, dentro del conjunto urbano, se encuentra «La Fortaleza», llegando hasta nosotros parte de sus cuatro paredes que formaban un torre en forma de cubo.

Al fondo del pueblo se levanta la grandiosa torre de la Iglesia de San Pelayo, de piedra y ladrillo sobre seis cuerpos. El edificio data del siglo XVI, en estilo mudéjar de tres naves cubiertas por armadura de par y nudillo en la central y de cañón con lunetos y arista las laterales. Tiene cuatro capillas interiores en la que sobresale una estupenda cúpula y otra con un bello artesonado de madera policromado. Un paseo por los alrededores del pueblo nos permitirá descubrir impresionantes palomares.