El campo, la ganadería, la atención a las personas mayores, hostelería… La falta de relevo generacional oprime a sectores claves en la economía de Campos y Torozos. Salarios que no compensan el esfuerzo, familias que prefieren que sus hijos tengan estudios universitarios, ayudas y subsidios y nuevas generaciones menos numerosas.

Estas son algunas de las claves por las que escasea la mano de obra en sectores decisivos para la economía de la zona. Y todo en una comarca con cerca de un 10 por ciento de paro. Pero no es solo un problema de la comarca, sino a nivel de todo el país, ya que los pueblos no logran atraer a trabajadores de otras partes de la geografía española. Ello, en un país en el que hay tres millones de parados/as y solo el 38 por ciento de la juventud tiene empleo a los 24 años, según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Precisamente, durante los meses de verano crece la demanda de la oferta de empleo en el sector hostelero. Primera temporada estival sin restricciones desde que comenzó la pandemia de la covid y existe escasez de camareros/as y cocineros/as. Además, buena parte del personal de la hostelería que antes de la crisis sanitaria trabajaban en ella no han vuelto a sus puestos de trabajo.

Rosa Iglesias es la gerente del Restaurante Entretierras, en Urueña. «La búsqueda de empleados/as es algo que se ha vuelto agotador y que me quita mucha energía», reconoce. En este momento busca una persona de cara al mes de agosto y septiembre que pueda ser ayudante de cocina o camarero/a a jornada completa. «Tan solo pido que tenga una experiencia mínima, ganas de trabajar y que genere buen ambiente». A pesar de que el establecimiento carrasqueño no demanda requisitos especialmente exigentes «no es fácil cubrir los puestos que quedan vacantes porque algunas personas cobran una serie de prestaciones y no les merece la pena salir de casa para trabajar». En este sentido, «algunas me piden que les pague ‘en negro’ para así poder seguir cobrando la ayuda económica de la que disponen; pero en mi restaurante todo el mundo tiene su contrato y Seguridad Social». Otras veces, la excusa para no aceptar el empleo es «no disponer  de vehículo para desplazarse». La emprendedora asegura que «ha habido vecinos/as de pueblos muy cercanos que no han querido aceptar el trabajo que he ofertado o que incluso no se llegan a presentar a la entrevista, a pesar de haber quedado con ellos».

Sin embargo, para Iglesias «el principal problema es la falta de viviendas disponibles, a pesar de que hay muchas casas vacías durante todo el año, pero que no son habitables». En este sentido, «las instituciones deberían abogar por la creación de un banco de viviendas». Si bien hay que dar trabajo a la ciudadanía de la comarca una forma de revitalizarla es la atracción de trabajadores de otros lugares. «He tenido empleados de Andalucía y Galicia, y como es lógico buscan alojamiento en la zona».

«Bajos salarios y jornadas agotadoras». Aspectos que popularmente se asocian a la hostelería y que «muchas veces es una realidad», dice Iglesias. Una ‘fama’ que no va acorde al espíritu laboral de Restaurante Entretierras: «todas las horas que la persona trabaja están en el contrato y cuando un turno se acaba se va a su casa». Además, «trato de cuidar a mi plantilla y hago todo lo posible por cuadrar descansos y organizar los horarios para ayudar a conciliar la vida familiar».

En la ganadería también es complicado cubrir las vacantes. Existe una falta de relevo generacional en el sector y «la gente elige otro tipo de trabajos», comenta Ángela Gómez, de Granja Potosí, en Valverde de Campos. Achaca el poco interés en el sector a que «socialmente está mejor visto trabajar en una fábrica, por ejemplo, que en una granja».

La riosecana señala que su granja de cría de conejos se nutre principalmente de mano de obra extranjera, «principalmente de nacionalidad búlgara, rumana y marroquí». Lo más normal es que «las personas empleadas provengan de sectores que no tienen nada que ver con la ganadería, aunque prefiero gente que haya trabajado con animales». Pero «no es un requisito indispensable».

En Granja Potosí trabajan entre seis y ocho personas, en función de la temporada y «siempre tenemos dificultades para cubrir las plazas vacantes». A pesar de que «el sueldo que la empresa ofrece se encuentra por encima del convenio avícola y que el horario es de mañana, muchas personas no quieren estar sujetas a horarios y obligaciones». Además, en muchas ocasiones la oferta de trabajo «se dilata en el tiempo». En este momento, «tenemos un puesto vacante para cubrir una baja por paternidad pero no encontramos a nadie».

RELEVO GENERACIONAL

El relevo generacional también está poniendo al límite al sector de la agricultura, que tiene dificultades para dar con personal cualificado para el manejo de la maquinaria, pero otras veces no quieren ser asumidos por la gente local. «A la juventud hay que educarles de una forma acorde a sus deseos y lo que quieren en la vida», asevera Gregorio González, que a sus 73 años sigue al pie del cañón al frente de su empresa de servicios agrícolas, Serviagrigan, en Villagarcía de Campos. «Nuestro negocio cuenta con tres empleados, pero necesitaríamos ser seis». Así que «como no somos suficientes he tenido que decir «no» a mucha clientela y me he visto obligado a eliminar una máquina de cosechar, para contar con una sola con un rendimiento mayor y que cubre el 75 por ciento de la tarea que hacíamos con dos».

El factor clave de la problemática a la hora de dar con trabajadores/as en el campo «es que no hay personal cualificado para el manejo de una maquinaria de última generación que se basa en los mapas de rendimiento», apunta Gregorio González. Además, la clientela «busca un servicio de calidad y siempre tienen muy en cuenta la persona que va a acudir a su demanda». Por lo tanto, «sería muy necesario que centros de formación agrícola, como el de La Santa Espina o Palencia hicieran hincapié en formar a las personas jóvenes en este tipo de manejo».

Pero no es el único problema, dice el empresario de Villagarcía. «La gente no quiere trabajar y tener responsabilidades, a pesar de que ofrecemos un suelo muy digno».

También, existe una falta de personal en el ámbito de cuidados y atención a mayores y dependientes. «Tengo la suerte de que casi toda mi plantilla es indefinida y hay una rotación mínima, pero cuando surge alguna baja laboral me cuesta mucho cubrirla», reconoce el gerente de la Residencia Peñaflor, Fernando Puerta.

Para trabajar en una residencia de ancianos es necesario contar con el título de auxiliar de geriatría. En total, son once las auxiliares de este espacio, que se ubica en Peñaflor de Hornija. Pero la plantilla total es de 19 personas, ya que cuenta con otros perfiles profesionales, como el de médico, nutricionista, fisioterapeuta, etcétera. «En este momento todas las vacantes están cubiertas, pero siempre que hay una baja llegan los problemas».

Peñaflor se encuentra a tan solo 20 minutos de Valladolid, pero «en esta ciudad hay más residencias, así que para los profesionales del sector es factible trabajar allí, sin tener que coger el coche». Además, «no todo el mundo está dispuesto a trabajar los fines de semana, y como es lógico, las personas residentes necesitan atención los siete días de la semana».

Una problemática que cuenta con el portal de empleo www.empleorural.es como una pieza clave para dar con esos perfiles profesionales y ayudar a encontrar trabajo a la persona desempleada. La Asociación Colectivo para el Desarrollo Rural de Tierra de Campos coordina este portal de empleo que integra a otras asociaciones del medio rural de Castilla y León, en el marco del proyecto de cooperación regional LEADER +EMPRESAS +EMPLEO +RURAL.

Reportaje Realizado por La Mar de Campos.