En algunos países, se aprovecha la experiencia de las personas mayores, tanto profesional como personal para mejorar la actividad económica del país, más allá de los viajes y la ocupación del ocio.

Algunas empresas, por ejemplo, utilizan a los trabajadores que se jubilan para formar a los más jóvenes. Y lo hacen compartiendo el pago de la pensión con el Estado.

Estas y estos mayores constituyen un recorrido vital amplio y valioso y son portadores de un activo de conocimientos, competencias, valores y experiencias que deben ser aprovechados. Por ello, se deben incorporar en los procesos de aprendizaje y de intercambio generacional sus experiencias vitales profesionales.

En este artículo explicaremos algunos OFICIOS que nuestros y nuestras mayores conocían al dedillo y que solamente ellas y ellos con su gran experiencia y sabiduría pueden transmitirlos a los y las más jóvenes.

 Para empezar, hablaremos de uno de los oficios que ya se han perdido en los pueblos, como son las técnicas constructivas de antaño, y es aquí donde algunas personas mayores, expertas en estos temas de albañilería tienen mucho que enseñar, sobre todo, en el manejo del barro.

Las técnicas más interesantes son las construcciones con adobes, también llamado, ladrillos crudos, pues se utilizaban una vez secados al sol, sin ninguna cocción.

También estaban las construcciones de tapial. Para hacer estas construcciones, había que amontonar mucha tierra en el invierno, para que con las lluvias y el hielo fuera cociendo, es decir se fuera desmenuzando para que estuviera preparada para la construcción de los tapiales.

Para recuperar todo esto, sería interesante, crear una especie de escuela del barro, donde los antiguos albañiles nos dieran clases prácticas y así poder poner en valor muchas de estas construcciones ya en ruinas, como son nuestros elegantes palomares, que, aparte de embellecer nuestros paisajes dieran un empuje económico a nuestros pueblos y permitieran poder establecerse en ellos, gentes que les gustara este estilo de vida.

Otras artesanías que se podían reanudar con la ayuda de personas mayores que lo supieran hacer, eran las labores en cuero, madera o hierro.

Antes en todos los pueblos había una o varias fraguas donde el herrero templaba al rojo vivo las herraduras y los clavos, que todos los animales de tiro llevaban en las faenas de la labranza.

La artesanía de la madera era otro oficio que también ocupaba un lugar destacado en todos los pueblos donde el carretero era un personaje muy importante pues, a parte de estar todo el año atareado con el arreglo de los carros, en vísperas de la siega de los cereales, era imprescindible, pues tenía que armar los carros con una serie de maderos que sujetaran las redes donde se transportaba el bálago.

Otro gran oficio y muy antiguo, es el de pastor. Hay lugares donde se han creado escuelas de pastores y pastoras, donde los entendidos enseñan a los y las jóvenes que quieran iniciarse y aprender sus rudimentos; como se arrean las cencerras, o como preparar los badajos, incluso aprender a preparar los collares y las hebillas. También les podrían enseñar a esquilarlas, hacerles las pezuñas y alguna que otra cosilla.

El cestero o cestera es otro de los oficios perdidos. Con las mimbres que entonces había en casi todos los majuelos, había que hacer los cestos, los cestaños, cestas y maniegos que servían para la vendimia y para guardar miles de cosas en las casas campesinas.

En años pasados se utilizaban mucho los recipientes de barro, por lo que los oficios de alfarero o alfarera y el de cacharrero o cacharrera eran muy reconocidos. Había quien repartía los cacharros a lomos de mulos.

Otro oficio que era antes muy apreciado, era el de hojalatero, ya que se dedicaba a reparar los utensilios de cocina que eran metálicos: cacerolas, sartenes, etc. y también reparaba los paraguas.

En Las artes culinarias, las mujeres mayores podrían participar de una manera plena, sobre todo, en lo referente a enseñar a las generaciones nuevas todas las artes culinarias antiguas que ya se están perdiendo, tanto platos tradicionales, como la confección de dulces, magdalenas, rosquillas de todo tipo y el típico pan de horno de sarmientos.

Respecto a las huertas que ahora están tan de moda. Si los ayuntamientos cedieran un terreno donde unos cuantos vecinos tuvieran sus huertecillos, los mayores nos podrían enseñar directamente todas las prácticas hortícolas que hoy tanto se estiman.

En Castilla y León hay multitud de asociaciones de jubilados y pensionistas donde las personas mayores podrían impartir cursos y talleres a los y las más jóvenes sobre estos u otros muchos oficios, para que no se pierdan y puedan continuar en manos de las nuevas generaciones, creando nuevos puestos de trabajo en las zonas rurales.

Si necesitan conocer las asociaciones de mayores y sus programas pueden consultarlas entrando en esta página web http://envejecimiento.csic.es/documentos/documentos/guia-asociaciones-mayores-2012.pdf