El proyecto CIVITAS promueve la recuperación de espacios de apoyo comunitario en Urueña, La Santa Espina y Villabrágima, con el fin de potenciar un proceso participativo en el que las personas mayores decidan qué modelo de atención integral desean

Tradicionalmente en nuestra sociedad, las tareas relacionadas con la atención de los cuidados han sido asumidas, prácticamente en su totalidad, en el entorno familiar, siendo las mujeres quienes se hacían cargo de este rol de cuidadoras, ocupándose de manera gratuita de atender a toda la familia y, especialmente, a aquellas personas con menor autonomía – niñas, niños, mayores y dependientes -.

Este hecho se debe a la división sexual del trabajo, es decir, el cómo se han repartido en nuestra sociedad las labores productivas y reproductivas según el sexo y el género, algo que, sin duda, ha beneficiado totalmente al Estado de Bienestar, pues las mujeres se han encargado de suplir unas funciones básicas que hubieran correspondido a las administraciones públicas.

Pero, en la actualidad, la interrelación de determinados cambios sociales, demográficos y culturales, como la incorporación de las mujeres al mercado laboral, la redistribución de las tareas y responsabilidades entre los miembros de la familia, el envejecimiento de la población, la baja natalidad y el aumento del individualismo, han alterado de forma significativa esta rígida división de los trabajos entre hombres y mujeres, así como las relaciones intergeneracionales en el contexto de nuevas y diversas configuraciones familiares. Ello implica un replanteamiento de la responsabilidad moral y política de los cuidados.

Toda esta situación hace que nos encontremos con las primeras generaciones de cuidadoras que no van a tener quien cuide de ellas dentro de su entorno familiar.

Son muchas las personas participantes en los diferentes grupos del proyecto ‘CIVITAS’, que cuentan como sus planes de vida se han visto afectados por las diferentes situaciones familiares que han ido viviendo, dejando de lado la búsqueda de sus propios sueños o proyectos para ocuparse de sus ascendentes o descendientes, aun así, ellas se sienten muy orgullosas del papel desempeñado y aseguran que volverían a hacerlo si se encontraran en la misma situación. Al mismo tiempo aceptan y entienden que sus hijas e hijos tengan un trabajo y menos tiempo para dedicar a los cuidados, sintiéndose orgullosas también de que hayan podido realizar sus sueños y, en muchos casos estudiar, algo que ellas las hubiera gustado hacer. A continuación, rescatamos algunas de las declaraciones más significativas:


“Tuve que ocuparme de mis padres y suegros porque eran muy mayores, y porque era la única que podía hacerlo, así que sin dudar lo hice. Pero para mis hijos no quiero lo mismo, quiero que puedan ser libres de decidir, y hacer su vida a su gusto, no quiero que tengan que ocuparse de mí”. Comenta una de ellas, a la que su compañera, contesta diciendo: “Sabemos que ahora las cosas funcionan así, aunque, en el fondo, nos gustaría que pudiera ser alguien de nuestra familia quien nos atendiera, pues, oye, eso es lo que nosotras hemos hecho”.

 “Estaré feliz con que alguien pueda atendernos a mi marido y a mí en nuestra casa, y que mis hijos y nietos vengan a verme cada semana, pues para eso he trabajado tanto, para que ellos pudieran tener mejores condiciones que yo, no van a dejar sus trabajos porque yo los necesite. Aunque mi marido siempre decía que, de eso nada, que él había cuidado de sus hijos, y el día de mañana les tocaría a ellos cuidar de nosotros”.


Estas breves conversaciones muestran como esta generación de personas tiene sentimientos encontrados entre lo que les enseñaron que era “lo normal”, y los cambios sociales y familiares a los que ellas mismas han contribuido.

Lo que si queda claro es que las tareas de cuidados son enormemente complejas, pues entran en juego muchas dimensiones, se necesitan cuidados físicos, pero también psicológicos y emocionales. En el medio rural, necesitamos recursos que atiendan a las personas mayores como merecen y que permitan a las familias seguir desarrollando sus actividades, sin olvidarse que no hay cariño como el de los seres queridos.

Dice el refrán “Es de bien nacido, ser agradecido” y podemos vincularlo totalmente con este asunto, las personas mayores han pasado su vida trabajando y cuidando de su entorno, por lo que no sería ético dejar de lado o perder el vínculo con ellas en la etapa dónde más necesitan los cuidados.

Además, no deberíamos olvidarnos de la interdependencia, pues todas las personas somos dependientes y vulnerables: todos y todas necesitamos ser cuidados durante diferentes etapas de nuestra vida por lo que es de vital importancia poner en valor los cuidados y asumirlos en comunidad.

CIVITAS forma parte de la Estrategia LEADER ‘Campos y Torozos 2020’ aprobada al Grupo de Acción Local ‘Asociación Colectivo para Desarrollo Rural de Tierra de Campos’ en el marco del Programa de Desarrollo Rural de Castilla y León (2014-2020).