• Los agentes sociales que trabajamos en el territorio rural ‘Campos y Torozos’ tenemos la obligación ética de aunar esfuerzos y cooperar para reducir el impacto de la fatiga pandémica en las personas mayores que habitan nuestros pueblos

Estamos a escasos trece días de cumplir un año desde que se decretó el Estado de Alarma debido al Covid19, un año marcado por la incertidumbre, los encierros intermitentes, las restricciones sociales y emocionales que, unidas al miedo y a la soledad nos dejan física y psicológicamente agotadas.

A raíz de este agotamiento, la OMS ha acuñado el término “fatiga pandémica” para referirse al desgaste emocional derivado del estado de hipervigilancia, la incertidumbre en la que nos encontramos y la falta de control que sentimos sobre la pandemia y sobre nuestra propia vida.”

Sin duda, la salud mental está siendo la gran olvidada de esta pandemia, a pesar de que desde la psicología se nos avisa de que la ansiedad, la frustración, la irritabilidad, la apatía y la desmotivación están causando estragos en muchas personas, y que, además, suelen ir acompañados de síntomas físicos como alteraciones del sueño, cansancio, dolores de cabeza y problemas gastrointestinales entre otros.

Si bien es cierto que esto afecta a todas las personas, el colectivo más vulnerable en estos momentos son las personas mayores pues, además de llevarse la peor parte con respecto al virus, la falta de contacto con sus seres queridos y personas cercanas, está provocando que afloren las depresiones y se potencien alteraciones cognitivas como la demencia.

Salir a andar, pasear con la bici, acercarse al bar o al centro social a jugar la partida, o acudir a actividades formativas o culturales, son algunos de los rituales que las personas mayores de nuestros pueblos siguen en su vida diaria y que ahora no están haciendo.

Con los espacios exteriores restringidos, la casa se convierte en epicentro de la actividad diaria familiar, obligando a una reorganización de los espacios pues, las personas que normalmente ocupaban mayor parte de su tiempo en la casa, generalmente las mujeres, aunque siguen realizando muchas de las actividades de su día a día, ahora tienen que compartir ese espacio con las personas que acostumbraban a ocupar gran parte de su tiempo fuera, generalmente hombres, y que ahora disponen de mucho tiempo que no saben en qué emplear. Todo esto genera un malestar añadido en el hogar y aumenta la sensación de falta de control sobre nuestras decisiones, amplificando el deterioro cognitivo de unas y otros.

La vida comunitaria aporta una red de apoyo que genera un sentimiento de seguridad en las personas que pertenecen a ella, pues en un pueblo siempre hay alguien que te echa de menos cuando faltas a comprar el pan, al ensayo del grupo de teatro, o a la partida de cartas de los miércoles. Sin la posibilidad de acudir a esos espacios, esa seguridad disminuye, y con ella la calidad de vida de las personas mayores.

Además, las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) son grandes aliadas para comunicarnos en la distancia, y para estimular la memoria. A la falta de conocimientos sobre este tema que presenta este colectivo, se suma la mala conectividad de las zonas rurales, dejando en evidencia la doble brecha digital que azota nuestros pueblos y privando de las posibilidades que ofrecen las TIC a una gran parte de la población, pues la mayoría de las personas mayores no utilizaba los dispositivos móviles inteligentes antes de la pandemia, y ahora, aunque son muchas las que se han interesado por ellos, se les hace complicado encontrar una persona que pueda enseñarles a sacar partido a todas sus funciones.

El agotamiento emocional llega con la falta de actividades que nos generan bienestar, porque a veces olvidamos que vivir es mucho más que respirar, y dejar atrás la vida comunitaria nos hace perder gran parte de los estímulos agradables de la vida y eso nos introduce en un círculo de sensaciones negativas cada vez más difícil de revertir.

Desde el proyecto CIVITAS se promueve la recuperación de espacios de apoyo comunitario seguros en los que poder compartir nuestro tiempo con otras personas, con el fin de potenciar un proceso participativo en el que las personas mayores decidan qué modelo de atención integral desean.

CIVITAS forma parte de la Estrategia LEADER ‘Campos y Torozos 2020’ aprobada al Grupo de Acción Local ‘Asociación Colectivo para Desarrollo Rural de Tierra de Campos’ en el marco del Programa de Desarrollo Rural de Castilla y León (2014-2020).

CIVITAS- POBLACIÓN ACTIVA

Desde el grupo de ‘Civitas – Población Activa’, puesto en marcha en Medina de Rioseco, se están trabajando las habilidades sociales, la comunicación y la resolución de conflictos, a través de dinámicas motivacionales, con el fin de fomentar el trabajo en equipo y que las personas participantes puedan identificar y transmitir las necesidades actuales detectadas en el territorio para su grupo de población, así como encontrar posibles soluciones para las mismas. Además, este proceso tiene como fin último; formarles, apoyarles y asesorarles en la creación de actividades económicas dirigidas a la atención integral de las personas mayores de ‘Campos y Torozos’.

Aquellas personas interesadas en participar en este grupo, puede ponerse en contacto con el Colectivo Tierra de Campos, llamando al teléfono: 983 725 000 o escribiendo un correo electrónico a colectivo@cdrtcampos.es