• El Museo de Palencia acoge, hasta el 29 de noviembre, una exposición sobre estas estructuras tradicionales palentinas en el Camino de Santiago Francés.

Un claro ejemplo de sostenibilidad constructiva y ambiental, de arquitectura adaptada al terreno. El palomar, de la mano del reflejo de la memoria del entorno rural, se erige como un edificio característico del paisaje de Tierra de Campos, razón por la que el Museo de Palencia acoge, hasta el 29 de noviembre, la exposición Palomares tradicionales palentinos en el Camino de Santiago Francés.

La muestra recoge los resultados de un trabajo encargado por la Junta de Castilla y León a un equipo de la delegación palentina del Colegio Oficial de Arquitectos de León y que fue realizado a lo largo de 2019, como continuación al proyecto centrado en el estudio de palomares de Tierra de Campos que se inició hace varios años. 

En dicha exposición se plasma el «resultado de la documentación y caracterización de 78 palomares en once municipios, que están situados en el itinerario del Camino de Santiago». Todo ello en un trabajo que comenzó en 2018, realizado por un grupo integrado por los colegiados más jóvenes y alguno de los miembros de la junta del órgano en ese momento, afirmó en declaraciones a Ical la presidenta de la delegación palentina del Colegio Oficial de Arquitectos de León, Ana Espegel.

Los palomares «forman conjuntos relevantes en varios municipios y son parte del patrimonio cultural, no solo como elemento de una típica arquitectura tradicional, sino como referencia cultural e histórica de lo que representa». En ese sentido, añade que, además de las diferentes formas, tamaños y volúmenes, esta arquitectura «está construida con materiales locales», como el adobe o tapial para los muros, la madera para las estructuras de cubierta y la teja como cobertura. 

Estado de conservación

Ana Espegel subraya que estas estructuras son «un claro ejemplo de sostenibilidad constructiva, ambiental y de arquitectura adaptada al terreno». Reconoce, además, que «son sistemas constructivos tradicionales que se están olvidando». Aspectos estos que se recogen en dibujos de planta, sección y alzados y en el estudio pormenorizado de los palomares documentados, aclara.

Más en concreto, explica que el 45 por ciento de los palomares estudiados presenta un estado de conservación bueno. Destacan, en ese sentido, los situados en Boadilla del Camino y Población de Campos. Por otra parte, la arquitecta traslada que un 35 por ciento de los mismos se encuentra en un estado regular, en el que «serían necesarias ligeras intervenciones parciales de conservación y mantenimiento». 

Por el contrario, el 20 por ciento restante «está en mal estado o en situación ruinosa», y un 9 por ciento de ellos podría sustentar una restauración de mayor envergadura. Respecto a las posibles utilidades, comenta que «pueden ser un gran atractivo patrimonial y cultural para el turismo de interior y el turismo del Camino de Santiago, como Bien de Interés Cultural». 

Tal es así que «debe funcionar como un elemento didáctico de la memoria del pasado y como recurso ambiental para el presente, apoyando futuras restauraciones y promoviendo, de nuevo, el funcionamiento de estos palomares como empleo ecológico sostenible».

Arquitectura tradicional

Espegel señala que la importancia de esta arquitectura tradicional, tan característica de los pueblos de Castilla, está relacionada con la memoria del entorno rural, al ser «una seña de identidad y referencia del paisaje castellano de Tierra de Campos, de la misma manera que lo son los hórreos en Galicia o los molinos en La Mancha».

Anteriormente, estas edificaciones eran un «recurso económico», ya que las familias criaban los pichones para alimentarse y recogían el residuo de la palomina para venderlo como abono para plantaciones de cítricos, muy cotizado en aquel momento, siendo «clave como recurso añadido para la economía familiar», apunta.

Además, los palomares se construían con materiales característicos de la zona, por lo que «era un sistema altamente ecológico y sostenible, según el punto de vista medioambiental actual».

Esa utilidad desapareció, a partir de la segunda mitad del siglo XX, en que comenzaron a caer en desuso, dada «la migración del campo a la ciudad, entre otras razones, cuyo abandono propició la ruina de muchos de ellos».

Tal es así que, en varias poblaciones palentinas como es el caso de Boadilla del Camino, Frómista o Población de Campos, existen conjuntos destacados de más de una quincena de palomares en cada uno de ellos, que «potencian la línea del horizonte del campo y las edificaciones del municipio, en una visión paisajística muy interesante», apostilla la presidenta de la delegación palentina del Colegio Oficial de Arquitectos de León, Ana Espegel.

Fuente: Diario Palentino